lunes, 20 de octubre de 2008

Edmundo Rivero


En la via

¡A ver!, ¡che mocito traeme cigarros!
Y ensille esa copa de caña otra vez,
que yo no me sumo con esos otarios,
que toman de bronca llorando después.
Yo tomo el ricino sin pena ni agravio,
que al fin a un disgusto lo mata un placer...
¡Pa qué andar con cuentas si es largo el rosario,
cortado al despecho por una mujer!

Y si llegase a añorarla, porque al final la he querido,
no he de arrumbarme abatido, en un rincón del café,
ni he de sacar un pañuelo para llevarlo a mis ojos,
ni lagrimear como un flojo porque en la vía quedé.

¡Se fue! ¡Mala suerte! paciencia y pan criollo...
¡Qué tantos merengues por una mujer!
Si aquel que se arruga pidiendo socorro
no es hombre, ni tiene vergüenza con él...
¡Qué adiós bulincito! ¡Qué adiós aliviada!
¡El paco'e valerio, todo a ganador!
¡Paciencia compadre! ¡No escupa la estrada!
De vuelta al convento, no pase calor.

Y si llegase a añorarla, porque al final la he querido,
no he de arrumbarme abatido, en un rincón del café,
ni he de sacar un pañuelo para llevarlo a mis ojos,
ni lagrimear como un flojo porque en la vía quedé

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